Cecilia Lavilla y Miguel Ituarte, la música que crea escuela
Cinco años abriendo la Muestra y acompañando a nuevas voces.
Por Andrea Falconieri · Para QNK.ÓPERA
Hay artistas que llegan a una Muestra para ofrecer un concierto.
Y hay artistas que, con el paso de los años, terminan formando parte de su historia.
Cecilia Lavilla y Miguel Ituarte pertenecen a esta segunda categoría.
Desde aquella primera edición de la Muestra Internacional de Canto Lírico de Cuenca, hace ya cinco años, ambos han estado vinculados al proyecto como profesores del Curso de Lied y Canción.
Pero su relación con la Muestra va incluso más allá.
De una manera u otra, Cecilia y Miguel han estado siempre en el comienzo.
Han abierto el ciclo de conciertos en cada una de sus ediciones. Cinco años regresando a Cuenca, a la misma idea, al mismo encuentro entre artistas y público.
Quizá por eso hablar de ellos por separado resulte, en cierto modo, difícil. Su música, su manera de trabajar y su relación con las nuevas voces forman desde hace tiempo una misma historia.
Y este martes volverán a hacerlo.
Cuando uno lleva cinco años regresando al mismo lugar, ya no está simplemente participando en una Muestra. Forma parte de ella.
Cuando la voz encuentra al piano
Hay algo fascinante en la música para voz y piano.
El cantante pronuncia las palabras, respira, cuenta. El piano parece acompañar.
Pero basta escuchar con atención para descubrir que no es tan sencillo.
El piano anticipa. Responde. Sugiere. A veces incluso contradice al cantante.
En el Lied y la canción de cámara, esa relación alcanza una intimidad especial. La música no se limita a acompañar un poema:
lo interpreta.
Una palabra puede cambiar de sentido según la nota que la sostiene. Un silencio puede decir tanto como una frase. Una armonía puede llevarnos a un lugar que el texto, por sí solo, nunca habría alcanzado.
Por eso trabajar este repertorio con jóvenes cantantes consiste también en aprender a escuchar.
Escuchar al piano.
Escuchar la palabra.
Escuchar el silencio.
Y aprender, sobre todo, a escucharse a uno mismo.
Eso es lo que Cecilia y Miguel llevan cinco años haciendo junto a los alumnos del curso.
Y quizá lo más valioso sea que algunos hayan querido volver.
Volver a trabajar una canción. Volver a encontrarse con sus profesores. Volver a escuchar una indicación que quizá el año anterior pasó desapercibida.
Porque en música, como en tantas cosas, repetir no significa hacer lo mismo.
A veces significa escuchar mejor.
Una canción, muchos mundos
El programa con el que Cecilia y Miguel abrirán esta quinta edición lleva por título Amour divin, ardente flamme y recorre algunas de las distintas maneras en que compositores de los siglos XIX y XX entendieron la canción.
Falla, Ravel, Poulenc, Bridge, Quilter, Elgar, Parry y Vaughan Williams.
Francia, España e Inglaterra.
Distintas lenguas, distintas épocas y distintas sensibilidades unidas por algo muy sencillo: la necesidad de poner música a una palabra.
Falla aparecerá al comienzo del programa con su Fantasía Bética, una obra en la que Andalucía no es una postal, sino materia musical transformada por un lenguaje moderno y personal.
Después llegarán sus Trois Mélodies, sobre poemas de Théophile Gautier. Otro Falla, más íntimo, más cercano a la palabra y al color de la poesía.
Ravel nos llevará después a sus Cinco melodías populares griegas. No se limita a reproducir una canción tradicional: la escucha, la transforma y la rodea de un lenguaje armónico refinado, sin borrar su sencillez original.
Y con Poulenc llegará otra forma de mirar la canción.
En La Courte Paille, sobre poemas de Maurice Carême, encontramos humor, imaginación y ternura. Pero también algo muy propio de Poulenc: esa pequeña sombra de melancolía que puede aparecer incluso cuando la música parece estar sonriendo.
Después, el programa viajará hacia Inglaterra.
Bridge, Quilter, Elgar, Parry y Vaughan Williams.
Otros paisajes.
Otra lengua.
Otra manera de entender la intimidad.
Pero la misma pregunta:
¿Qué puede hacer la música con una palabra?
Felicity Lott
El concierto tendrá también un recuerdo especial para Felicity Lott, fallecida el pasado mes de mayo.
La presencia de su nombre en este programa tiene además un origen muy cercano: Cecilia sentía por la artista británica una admiración profunda y un cariño especial.
Lott fue una cantante capaz de hacer que la música pareciera sencilla sin restarle profundidad. Una artista vinculada de manera especial al Lied, a la canción y al repertorio de cámara.
Pero quizá haya algo más que hace que su recuerdo encaje aquí.
Felicity Lott también transmitió.
Transmitió experiencia, repertorio y una manera de entender la música a quienes vinieron después.
Y eso nos devuelve, casi sin darnos cuenta, al espíritu de esta Muestra.
Una generación que enseña a otra.
Una voz que escucha a otra voz.
Una canción que pasa de unas manos a otras y vuelve a encontrar una vida nueva.
Quizá por eso recordarla ahora resulte tan natural.
Cecilia la recuerda desde la admiración. La Muestra, desde la música.
Volver a abrir la puerta
El martes 18, Cecilia y Miguel volverán a sentarse juntos ante el público.
Lo harán, una vez más, en el comienzo de la Muestra.
Cinco años después de aquel primer encuentro, hay algo hermoso en esa continuidad.
Porque las tradiciones no siempre nacen de grandes gestos.
A veces nacen simplemente de volver.
Volver a un lugar.
Volver a una canción.
Volver a encontrarse.
Volver a escuchar.
Y quizá por eso Cecilia y Miguel no vienen simplemente a inaugurar la quinta edición.
Son parte de ese momento en el que la Muestra empieza a respirar.
Ellos volverán a abrir la puerta.
Y al otro lado estará, una vez más, la música.
18 de agosto · 20:30 h
Cecilia Lavilla, soprano
Miguel Ituarte, piano
Amour divin, ardente flamme
Capilla de la Fundación Antonio Pérez · Cuenca
Entrada: 8 € · Abono cuatro conciertos: 25 €
V Muestra Internacional de Canto Lírico · QNK.ÓPERA
Cuenca Ciudad de Música
Andrea Falconieri
Para QNK.ÓPERA