Hay premios que abren puertas
A veces un reconocimiento no cierra una historia. La vuelve a poner en marcha.
En clave de Fa · Crónicas de Andrea Falconieri
Hay premios que se reciben, se agradecen y se guardan.
Y hay otros que, de alguna manera, siguen trabajando después de haber sido entregados.
El año pasado, Alicia Sánchez recibió el Premio Carlos Alcocer en la Muestra Internacional de Canto Lírico.
Este año vuelve a la Muestra.
Pero no vuelve como entonces.
Y quizá ahí esté lo verdaderamente interesante de esta historia.
La primera vez llegó como participante y alumna.
Ahora regresa como artista invitada para ofrecer uno de los conciertos profesionales de esta edición, De Cádiz a Gibraltar.
Entre una cosa y otra hay reconocimiento, un premio y, sobre todo, trabajo.
Porque un premio puede reconocer lo que un cantante ha hecho hasta ese momento, pero no puede cantar por él al día siguiente.
Después del aplauso vuelve el estudio.
Vuelve la partitura.
Vuelve el escenario.
Y vuelve esa pregunta que acompaña siempre a quien canta:
¿Y ahora qué?
Quizá por eso me gusta pensar que algunos premios no son tanto una meta como una puerta.
Y que lo importante no es solamente cruzarla, sino saber qué hacer cuando se abre y hacia dónde nos lleva.
El escenario es el mismo
Hay algo especialmente bonito en que Alicia vuelva precisamente a la Muestra.
No como participante y alumna, sino como artista invitada.
El escenario es el mismo. La situación, distinta.
Quizá Alicia también.
La misma voz, las mismas ganas, el mismo trabajo. Pero entre una edición y otra ha pasado la vida.
Y eso también se escucha.
Porque un cantante no vuelve nunca exactamente igual al lugar del que partió.
Vuelve con más escenario, más preguntas, más experiencia. Quizá también con una mirada algo más madura sobre aquello que quiere contar cuando canta.
Y eso es algo que solo puede comprobarse de una manera:
escuchando.
Lo que Alicia ha elegido cantar
Un programa también puede contar una historia.
Y De Cádiz a Gibraltar tiene la suya.
Alicia ha elegido recorrer un repertorio que atraviesa épocas, países, lenguas y formas muy diferentes de entender la canción.
Comienza con Amy Beach, una compositora estadounidense que puso música a tres poemas de Robert Browning. The year’s at the spring, Ah, love, but a day! y I send my heart up to thee forman casi un pequeño recorrido desde la primavera hacia el amor y la entrega.
Después aparece Poulenc, y con él la memoria de Edith Piaf en su Improvisation n.º 15. Una pequeña pieza que nos recuerda que también se puede homenajear a una voz desde otra voz, convertir la admiración en música.
Y entonces aparece Pauline Viardot-García.
Primero la Havanaise. Después Les filles de Cadix.
Viardot conoció como pocas personas el mundo de la voz: fue cantante, compositora, pianista, maestra y una figura central de la vida musical europea de su tiempo.
Escucharla en un recital como este es recordar que la historia de la música vocal también está llena de mujeres que no solo interpretaron las obras de otros, sino que crearon las suyas.
Pero hay un personaje que atraviesa el programa de una manera especial.
Mignon.
La joven de Goethe, la muchacha marcada por el desarraigo, por el deseo de una tierra que recuerda y por una nostalgia que parece no encontrar descanso.
Schubert vuelve a ella en sus Gesänge aus Wilhelm Meister, escritos sobre textos de Goethe. Heiss mich nicht reden, So lasst mich scheinen y Nur wer die Sehnsucht kennt no cuentan exactamente la misma historia, pero parecen mirar hacia un mismo lugar interior: el de alguien que guarda dentro de sí algo que no termina de poder decir.
Y después llega Hugo Wolf, también con Goethe y también con Mignon.
Dos compositores.
Un mismo personaje.
Y, sin embargo, dos maneras completamente distintas de escucharla.
Ahí es donde el repertorio deja de ser una lista.
Empieza a convertirse en conversación.
De una orilla a otra
También hay espacio para Bellini, Chopin y Albéniz.
El Nocturno de Chopin lleva al piano a un lugar diferente, más íntimo, mientras que El puerto, de Iberia, nos devuelve a una España transformada por la imaginación sonora de Albéniz.
Y finalmente aparece Manuel García.
A la lea lea.
Caramba.
Polo del criado discreto.
El programa termina mirando hacia una tradición vocal española que merece ser escuchada con algo más de atención.
Manuel García fue cantante y compositor, pero también una figura fundamental de una época en la que interpretar, crear y enseñar formaban parte de un mismo oficio.
Y quizá haya algo hermoso en terminar aquí.
Después de haber pasado por Beach, Poulenc, Viardot, Schubert, Wolf, Bellini, Chopin y Albéniz, el viaje termina en una voz de nuestra propia tradición.
No sé si Alicia lo ha planteado así.
No quiero atribuirle una intención que no me ha contado.
Pero como oyente, me gusta encontrar esa puerta al final del programa.
Lo que un premio no puede hacer
Un premio puede abrir una puerta.
Puede dar confianza.
Puede ofrecer una oportunidad.
Puede hacer que alguien repare en una voz.
Pero hay algo que ningún premio puede hacer:
sustituir el camino.
Las horas de estudio siguen siendo de Alicia.
Las decisiones sobre un repertorio siguen siendo suyas.
La responsabilidad de salir al escenario y defender una música sigue siendo suya.
Y quizá por eso resulte tan interesante volver a escuchar a alguien un año después.
Porque entre una edición y otra no solo ha pasado el tiempo.
Ha pasado la vida.
Y ahora toca ver qué ha hecho Alicia con ella.
Una puerta abierta
Me gusta pensar que una Muestra como esta tiene sentido cuando las historias no terminan al apagarse las luces.
Cuando alguien que llegó como participante y alumna puede regresar como artista.
Cuando un profesor vuelve a encontrarse con un alumno.
Cuando una canción que se trabajó en un aula termina apareciendo sobre un escenario.
Cuando un premio no se convierte en una fotografía de recuerdo, sino en una oportunidad para seguir caminando.
Alicia vuelve a la Muestra.
Y esta vez no sabemos qué habrá al otro lado de la puerta.
Tampoco debería saberse.
La música necesita un poco de incertidumbre.
Lo único que podemos hacer es escuchar.
Y prestar atención.
Porque quizá eso sea, después de todo, lo mejor que puede ofrecer una Muestra:
una puerta abierta, un foco encendido y un escenario al otro lado.
Andrea Falconieri
En clave de Fa · Para QNK.ÓPERA